"Un hombre encontró un huevo de águila y lo dejó en un gallinero. El huevo fue incubado junto con los otros; el aguilucho nació con el resto de la nidada de polluelos y creció con ellos.
Toda su vida el águila hizo lo que hacían los pollos; creyendo que era uno de ellos, escarbaba la tierra en busca de gusanos y lombrices; piaba y cacareaba; movía las alas y volaba unos pocos centímetros. Pasaron muchos años, y el águla envejeció.
Un día el cielo estaba libre de nubes y alcanzó a ver un ave magnífica volando; la gigantesca ave se deslizaba con grandiosa e imponente majestuosidad entre las poderosas corientes de aire, moviendo apenas sus fiertes alas doradas. La vieja águila del gallinero miraba el espectáculo con asombro.
- ¿Quién es ese? Preguntó
- Es el águila, el rey de las aves; le dijo su vecino; él pertenece al cielo, y nosotros a la tierra; somos pollos.
Así el águila vivió y murió como un pollo, porque creía serlo".
Cuento anónimo.
Querida mujer, amiga, hermana, nunca olvides tu verdadera esencia; naciste para cosas grandes e importantes, y si nunca nadie te lo ha dicho pues yo te lo digo: eres un ser valioso, único, especial e irrepetible... es decir, no hay dos como tú, solo tú tienes esa misión tan especial... y... por si lo has olvidado, vales la Sangre de un Rey, un Dios que se encarno en una Virgen haciéndose hombre solo para venir a rescatarte de los lazos de impiedad que pueden atormentar tu vida en un momento dado, asi que vales muchisimo más de lo que te imaginas.
Tu vales muchísimo, nunca lo olvides....
Contigo,
Flor
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